CENTRO ASOCIADO A LA UNED DE CANTABRIA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Emilio Laborda Valle

ALGUNAS CUESTIONES SOBRE LA SEGURIDAD DEL TRAFICO EN EL NUEVO CODIGO PENAL

 

PRÓLOGO

Suele darse por sentado que cuando el autor de una obra pide a alguien que se la prologue y e1 encargo es aceptado, aquél debe sentirse honrado y especialmente agradecido. Es e1 maestro quien acude en ayuda de su discípulo para, con autoridad, imprimir su marchamo en la creación intelectual que debe presentar en sociedad. Nada más lejos de la realidad, a1 menos en este caso. Y para muestra un botón.

 

Hace exactamente diecisiete años y un mes -ni un día más ni un día menos- tomé posesión en Torrelavega (Cantabria) de mi primer destino como juez y me vi obligado en e% ejercicio de mis recién asumidas responsabilidades a presidir, acto seguido y sin solución de continuidad ni respiro alguno, la celebración de veinte juicios de faltas (y así dos días por semana durante casi dieciocho meses). Pues bien, con pocos años más que yo pero con mucha más experiencia, alguien acudió en mi auxilio. Era Emilio Laborda, que a la sazón ejercía como fiscal ante los juzgados de Torrelavega. Él me guió como buey, lazarillo entre los vericuetos formales de toda vista oral y, no sólo ello, también supo conducirme, desde la distancia y aparentemente en un segundo plano, por las profundidades de los tipos penales que estabamos llamados a interpretar y aplicar, él como titular de la acción pública penal, yo como depositario del poder judicial.

 

Apenas año y medio de trabajo en equipo, y sin embargo sus frutos se han adherido al calendario y han viajado por e1 tiempo hasta este emblemático año 2000 en el que nos encontramos. Hoy los dos peinamos nuestras primeras canas y soportamos con resignación algún innecesario hilo de más y no obstante, sé que, malgré tout, conservamos la misma ilusión que hace tres lustros, esa frescura imprescindible para salir airoso en una profesión como la nuestra, mirador privilegiado desde el que se contemplan las excelencias de la condición humana pero también sus miserias.

 

Y hoy puedo decir, sin riesgo a equivocarme, que pocas personas hay en España que tengan un conocimiento tan profundo de la seguridad vial y el Derecho de la circulación como Emilio Laborda, singularmente en su dimensión penal. Siempre fue, que yo recuerde, uno de sus centros de atención y estudio, no sólo por obligación sino también por devoción. El que no me crea puede salir de su error leyendo las páginas que siguen. En ellas se analizan los tipos penales que incriminan las actividades atentatorias a la seguridad vial y lo hace Emilio con rigor dogmático y agudeza interpretativa, desmenuzando las entrañas de las distintas conductas y exponiendo la problemática que suscitan, tanto desde una perspectiva sustantiva como procesal.

 

Emilio Laborda ha sabido y conseguido encontrar el punto adecuado de equilibrio, imprescindible en una obra como la que tengo el gusto de prologar. Teoría y práctica se mezclan en ella en las dosis adecuadas. Ni un ladrillo insoportable ni unos insulsos formularios tan al uso, sino un producto eminentemente práctico, pues el Derecho es vida, ofrecido al público desde la honestidad propia del rigor intelectual.

 

Tengo para mí que el estudio de Emilio Laborda reúne todos los ingredientes para obtener un gran éxito, no sólo editorial que, con ser importante, no lo es todo, sino también doctrinal, logrando un merecido reconocimiento a una impecable trayectoria. El mío lo tiene desde trace muchos años.

 

 

            JOAQUÍN HUELIN MARTÍNEZ DE VELASCO

Magistrado-Jefe del Gabinete Técnico del Tribunal Supremo

                        Las Navas de Riofrío-Segovia, 1 de abril de 2000